La trampa del top 100: por qué Eva Lys eligió la felicidad sobre el ranking “perfecto”

WTA
domingo, 30 noviembre 2025 en 8:30
LysBJKC
Eva Lys pasó veinte años persiguiendo el Top 100 de la WTA, convencida de que era el número mágico que resolvería cada problema. Se persuadió de que ese hito le traería seguridad económica, prestigio y, por fin, tranquilidad. Pero cuando la alemana de 22 años por fin cruzó ese umbral en 2024, la realidad no fue un sueño cumplido. Fue una asfixiante pesadilla de presión que casi quebró su espíritu justo cuando alcanzaba su pico profesional.
En lugar de alivio, Lys se encontró en un “lugar oscuro” donde la alegría por el tenis se evaporó, sustituida por una obsesión mecánica por defender puntos. Trabajaba el doble pero disfrutaba la mitad, paralizada por el miedo a volver a los puestos bajos del ranking. En un deporte que exige perfección, Lys comprendió que se había atrapado en un ciclo de ansiedad donde su autoestima dependía por completo del número digital junto a su nombre.
El punto de quiebre llegó justo antes de Wimbledon. Sobre el papel, lo tenía todo: cuadros principales, mejores premios y reconocimiento global. Pero por dentro, la chispa se había apagado. Lys admite que “realmente no me estaba divirtiendo” a pesar de disputar los torneos con los que había fantaseado desde niña. Fue un golpe de realidad brutal: la validación externa de una cifra en el ranking no tenía ninguna correlación con su felicidad real como ser humano.
En una charla cruda y sin filtros en el pódcast de Tennis Insider Club, presentado por Caroline Garcia, Lys habló abiertamente de esta batalla psicológica. Detalló las medidas drásticas que adoptó para recuperar su salud mental, incluyendo bloquear a los haters en redes sociales y redefinir el éxito. Su mensaje es una contundente réplica a la cultura del “ganar a toda costa”, demostrando que, a veces, un ranking más bajo es la victoria más grande si significa conservar la cordura.

La ilusión de haber llegado

Para muchas profesionales, el Top 100 es el destino final: un número mágico que promete acceso a Grand Slams, seguridad financiera y satisfacción. Sin embargo, Lys admite que alcanzar ese hito en 2024 activó un duro baño de realidad. En lugar del alivio esperado, se encontró con un destino vacío y una presión creciente.
“Este año es mi primer año que entré en el Top 100. Y realmente pensé que iba a ser más fácil. Yo estaba como: ‘Si llego ahí, la vida va a ser tan buena. Gano más dinero, tengo menos preocupaciones’. Y fue todo lo contrario. Me puse muchísima presión. Estaba entrenando el doble de duro. Realmente no me estoy divirtiendo haciendo esto. Y me he divertido toda mi vida.”
La obsesión por defender puntos le arrebató la alegría infantil que antes encontraba en el juego. La ironía era evidente: por fin competía en los torneos con los que siempre había soñado, pero estaba demasiado estresada para apreciar el logro de simplemente estar allí.

La toxicidad del valor transaccional

Esta ansiedad proviene en gran medida de la naturaleza transaccional del circuito, donde el valor de una jugadora se confunde con frecuencia con su último marcador. Lys subraya cómo este entorno crea una autoestima frágil que fluctúa con cada victoria o derrota, dificultando mantener una identidad estable.
“Al final del día, a cada persona en el tenis solo le interesas si estás ganando. Si estás perdiendo, a nadie le interesas. Así que, lo cual es triste, nos toca a nosotras construir algo en lo que sepamos que, incluso si perdemos, tenemos a nuestra gente, tenemos nuestra identidad y no perdemos tanta autoestima.”
Lys China Open
Lys alcanzó sus primeros cuartos de final de un WTA 1000 en el China Open. Además logró su primera victoria ante una top-10 contra Elena Rybakina en tercera ronda.
El escrutinio se intensifica en el ámbito digital, donde el público se siente con derecho a criticar todo, desde el revés de una jugadora hasta su salud. Lys, que convive con una enfermedad autoinmune, señaló casos en los que el público fiscalizaba su dieta por comerse una simple dona. Su respuesta a esta intrusión es drástica pero eficaz: imponer límites digitales absolutos.
“Tengo una terapia que realmente disfruto. Si, como… bloqueo a la gente. En Instagram. Bloqueo a la gente porque es como… y no me importa. Si eso… si es algo negativo… como crítica… lo que sea… los bloqueo. Porque… es mi Instagram. Es mi sitio. ¿Por qué tengo que leer la opinión de la gente?”

Recuperar el “Plan B”: la felicidad

En última instancia, un ranking alto vale poco si la atleta está rota por dentro. Lys ha empezado a cambiar su perspectiva, eligiendo ver su carrera con los ojos de su yo más joven, la niña que solo quería jugar en los grandes escenarios del mundo.
“Ya sabes el dicho… ‘Si hablaras con tu yo más joven siendo quien eres ahora, ¿crees que estaría orgullosa?’ Y yo digo… si mi yo de 10 años supiera dónde estoy ahora, me haría pis encima. Literalmente, estaría tan feliz por eso. Pero en el momento no te das cuenta.”
Esta mentalidad culmina en una filosofía poderosa que prioriza el bienestar mental por encima del éxito material. Para Lys, la elección entre un éxito miserable y una estabilidad feliz ya no es difícil.
“Si alguien me diera, como, dos opciones: ser Top 10 y sentirme como me sentía hace tres meses, o tener el ranking que tengo ahora, incluso quizá 80 o 90, pero ser feliz y simplemente disfrutar lo que hago… definitivamente elegiría el 80. Porque, al final del día, que alguien esté feliz con lo que tienes no significa que tú tengas que estarlo.”
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