Anastasia Pavlyuchenkova ha vivido suficientes momentos en una pista de tenis como para llenar una vida, pero pocos se comparan con el giro emocional que trajo su reciente compromiso. La No. 47 del mundo, que cerró su temporada 2025 tras una derrota en segunda ronda del US Open, entra en una nueva etapa: una en la que no mandan el ranking ni los puntos, sino algo mucho más personal. Y para ella, ese cambio llega con un alivio inesperado.
Porque, a diferencia de muchos en el ecosistema del tenis, su prometido, Mathias, no pertenece al universo tan cerrado del deporte. De hecho, todo lo contrario. La propia Pavlyuchenkova admite que su mundo —y su personalidad— operan en una frecuencia completamente distinta. “Mi novio es un tipo muy extravagante. Tiene un abrigo de piel increíble que usa para esquiar”, bromeó en una ocasión. Esa excentricidad formó parte de su historia mucho antes de que la propuesta en Maldivas sellara su futuro.
El compromiso se hizo público de la forma más simple posible: una foto, un anillo, un emoji de corazón y el escueto texto “Ah, por cierto (a propósito), esto pasó...”. Sin comunicado, sin declaración, sin anuncio formal. Solo una revelación discreta que reflejó exactamente lo que más valora en este punto de su vida: paz fuera del tenis, perspectiva y una pareja que aporta humor y equilibrio cuando la presión se intensifica.
Su relación, sólida desde hace más de dos años tras hacerse pública alrededor del US Open 2023, se ha convertido en un ancla emocional constante. Pavlyuchenkova describe a Mathias no solo como pareja, sino como la persona que la estabiliza cuando aparecen las dudas. “Es quien más cree en mí, incluso más que yo misma. Eso ayuda, especialmente en esta etapa de mi carrera.”
Una propuesta lejos del Tour
El compromiso tuvo lugar durante unas vacaciones románticas en Maldivas, un escenario lejos de bloques de entrenamiento, itinerarios de viaje o charlas tácticas. Para Pavlyuchenkova, el valor del momento no residió en el espectáculo, sino en la quietud de salirse de su entorno competitivo. Esa distancia le dio margen para reflexionar sobre lo que quería a continuación, no de su juego, sino de su vida. La propuesta llegó de forma natural en ese contexto, convirtiéndose en un recuerdo marcado más por la calma y la conexión que por la grandilocuencia.
Parte de lo que hace única la historia de su próxima boda es el contraste entre su carrera pública y la dinámica privada que mantienen. Pavlyuchenkova ha subrayado a menudo que, aunque Mathias está presente, no intenta dirigir la parte tenística de su vida. Esta separación ha fortalecido la relación, permitiéndole vivir el circuito con herramientas emocionales diferentes. Como mencionó en alguna ocasión, su apoyo llega sin exigencias tácticas ni expectativas, reforzando un equilibrio que necesitaba tras años de escrutinio constante. Resumió ese cambio con una admisión directa: “Es simplemente agradable contar con su apoyo.”
Un compañero excéntrico y un futuro sereno
La personalidad de Mathias sigue siendo uno de los elementos más distintivos del relato, a menudo aportando un color inesperado a la rutina de Pavlyuchenkova. Ella lo ha descrito como extravagante en el mejor sentido: alguien cuyas elecciones de vestuario pueden convertir una entrada en calor en un momento de desahogo cómico.
Estas anécdotas, que van desde gorros de piel hasta capas con estampado de pavo real, ilustran una relación definida no por la formalidad, sino por la espontaneidad y la calidez genuina. Como bromeó al contar sus elecciones de armario: “Mi novio es un tipo muy escandaloso*. Tiene un abrigo de piel increíble que usa para esquiar. Le pedí a mi mamá que le trajera de Rusia un gorro de piel con cola por su cumpleaños. Él lo coló aquí, y yo ni siquiera lo sabía.”
En el plano profesional, Pavlyuchenkova se prepara para iniciar la temporada 2026 como No. 47 del mundo. Como una de las veteranas del circuito, ya figura entre las cinco jugadoras de mayor edad dentro del top 100.