Coco Gauff soportó una tensa semifinal contra Elina Svitolina en el WTA de Dubái 2026, con dificultades para mantener la consistencia en el saque y la derecha. La joven de 21 años, tercera cabeza de serie, cedió el primer set y ya había cometido cuatro dobles faltas antes de un momento clave en el segundo. Los micrófonos a pie de pista la captaron gritando hacia su box: “Llevo 6 meses haciendo todo lo que queréis y no está mejorando”.
La frustración de Gauff iba dirigida a Gavin MacMillan, el entrenador de biomecánica que incorporó a su equipo en agosto, antes del US Open, para reconstruir su saque y corregir fallos en la derecha. La estadounidense confiaba en que esta asociación de seis meses ofreciera mejoras inmediatas, pero la falta de avances visibles en momentos cruciales claramente le pesó.
Pese a las tensiones, Gauff demostró resiliencia. Tras su arrebato, mantuvo el servicio en el séptimo juego del segundo set, evitando ceder un break. El partido fue de enorme intensidad, con Gauff salvando cuatro puntos de partido en el tie-break del segundo set antes de ganarlo por 15-13 y forzar un desenlace ante
Svitolina.
Al inicio de la semana, Gauff ya acumulaba 55 dobles faltas en diez partidos, un dato que evidenciaba las persistentes inconsistencias en su servicio. Aun así, la estadounidense recalcó su confianza en el equipo, afirmando a comienzos de semana: “Siento que estoy confiando en el proceso. Quiero decir, soy muy exigente conmigo misma… Solo tengo que confiar en eso”.
El entrenador de biomecánica, bajo la lupa
La contratación de MacMillan buscaba abordar las debilidades clave en el juego de Gauff: el saque y la derecha. Seis meses después, sin embargo, las mejoras previstas no se han materializado por completo. Los observadores señalaron que las derechas fallidas de Gauff y las dobles faltas en momentos de presión persistieron durante la semifinal de Dubái.
“Sin duda fue mejor jugadora hace dos años que ahora, con una derecha que falla con frecuencia y un saque que se va en dobles faltas en instantes cruciales”, apuntaron los analistas que siguieron el partido. La frustración expresada durante la semifinal sugiere que la paciencia de Gauff se está poniendo a prueba, especialmente al estar aún en la fase inicial de su temporada, con torneos importantes por delante.
El papel de MacMillan ha quedado claramente expuesto por este episodio. El mensaje franco de la estadounidense indica que quizá las expectativas de resultados inmediatos fueron demasiado altas, o que seis meses no han bastado para implementar plenamente los cambios. Aun así, la reacción en pista subraya la presión a la que se enfrentan los deportistas de élite cuando las brechas de rendimiento siguen sin resolverse.
La resiliencia de Gauff sigue patente
Incluso en medio de una frustración visible, no puede pasarse por alto la capacidad competitiva de Gauff. Remontó un temprano desventaja en el segundo set, exhibió fortaleza mental y se mantuvo en la pelea pese a los errores y la presión. Su comentario durante el partido subraya la tensión, pero también su determinación por mejorar y competir al máximo nivel.
En una entrevista previa a un partido a comienzos de la semana, reflexionó con mesura sobre sus desafíos: “Estoy intentando encontrar la receta… Es un proceso de aprendizaje. Creo que mi saque está mejorando. Me siento más cómoda yendo a por él. Las dobles son definitivamente menos este año”. Las palabras de Gauff ponen en contexto su arrebato y revelan a una jugadora profundamente implicada en su propio desarrollo.
En última instancia, aunque Gauff perdió la semifinal de Dubái ante Svitolina, el episodio ha abierto debates sobre la eficacia del trabajo técnico, la paciencia del deportista y la delgada línea entre resultados inmediatos y mejora a largo plazo. Su desahogo público ofrece una rara mirada a las frustraciones que incluso los mayores talentos del circuito afrontan en el tenis profesional.