Alexander Kovacevic quizá aún no sea un nombre familiar, pero tras una temporada de despegue con victorias ante figuras como Andrey Rublev y Alexander Bublik, y alcanzar el mejor ranking de su carrera como número 60 del mundo, el estadounidense se ha ganado una perspectiva privilegiada sobre las entrañas del circuito.
El jugador de 27 años describe un vestuario mucho más corporativo que combativo. Si bien admite que
Novak Djokovic conserva una gravitación de “mejor de todos los tiempos”, y que jóvenes iconos como
Jannik Sinner y
Carlos Alcaraz acaparan miradas, Kovacevic insiste en que la realidad cotidiana es prosaica, marcada por “charlas triviales forzadas” entre colegas que, en esencia, solo van a trabajar.
“El vestuario es como fichar en un empleo. Ves a los mismos tipos cada semana. No hay mucho ‘beef’ en el tenis porque te duchas al lado del rival todos los días. Odiar a alguien consume demasiada energía. En cuanto al ‘aura’, Novak aún la tiene. Sinner y Alcaraz tienen un poco. Pero, en su mayoría, todos son simplemente tenistas.”
La brecha logística entre el pelotón y las superestrellas globales es innegable, aunque se contempla con pragmatismo más que con envidia. Kovacevic señaló que la dimensión operativa de un jugador como
Carlos Alcaraz altera por completo la dinámica social. “Por ejemplo, si quería invitar a Carlos Alcaraz a cenar, tenía que reservar una mesa para como 12”, bromeó el estadounidense.
Pese a esas diferencias, Kovacevic sostiene que la “mística” de la élite se diluye cuando compartes el espacio de trabajo. Observa que los recién llegados suelen intentar proyectar dureza, actuando como “yo soy el tipo”, hasta que descubren que los veteranos han aprendido a dosificar la energía.
La confianza “inquietante” de la élite
El estadounidense subrayó que lo más intimidante de enfrentar a un rival de primer nivel no es la agresividad, sino su capacidad para tratar un partido de máxima exigencia como un trámite. Explicó que la falta de tensión en un campeón de Grand Slam suele ser una mala señal para el no favorito, porque indica que el candidato no siente presión alguna. Esa actitud distendida, en contraste con su eficacia letal en la pista, crea una barrera psicológica singular.
“Si Zverev se te acerca y es súper amable contigo, piensas: oh, ese tipo ni me mira. Y yo estoy como: estoy a punto de jugar contra él. Y él habla como si estuviera con un amigo; eso da más yuyu que alguien que va de ‘no estás listo para esto’. Vamos, hombre, es tenis.”
Pistas “muertas” y cultura de las apuestas
Más allá de las personalidades, Kovacevic criticó la homogeneización física del circuito, asegurando que han desaparecido las velocidades distintivas de pista. Afirma que “todo está más muerto” y más lento, citando el Masters de Shanghai—históricamente célebre por su rapidez—como “una de las pistas más lentas” en las que ha jugado. Este cambio obliga a los jugadores a ajustar el material; Kovacevic señaló que tuvo que modificar el encordado para domar las pelotas “esponjosas” y pesadas que dominan hoy el tour.
También abordó las culturas regionales que encuentra. Kovacevic describió a los jugadores sudamericanos como “ratas de arcilla”, de enorme despliegue físico, en contraste con la precisión técnica de los europeos. Sin embargo, apuntó un lado más oscuro en las entendidas gradas europeas: la prevalencia de las apuestas. Kovacevic admitió que, aunque el público europeo sabe de tenis, a menudo debe descifrar si el apoyo es genuino o si simplemente “pusieron mucho dinero” al resultado del partido.
“Las condiciones de semana a semana han empezado a volverse más o menos iguales. Más muertas, más lentas. Todo es… hubo como dos torneos en todo el año que fueron rápidos… Todo lo demás fue lento. Incluso Shanghai, que cuando lo veía de niño por TV pensaba que era rápido. De los más lentos… de los más lentos en los que he jugado.”