Andrey Rublev no cree que
Carlos Alcaraz sea invencible. Esa fue su conclusión inmediata tras su semifinal en el
Qatar Open la semana pasada, donde el ruso exigió al número 1 del mundo
antes de ceder 7-6, 6-4. Más importante que el marcador, para Rublev, fue la sensación de que estuvo “competitivo desde el fondo” como no había sentido antes.
Admitió que el duelo de Doha fue un punto de referencia —un momento para medir “dónde estoy realmente”. En enfrentamientos previos, incluida su victoria sobre Alcaraz en el Masters de Madrid en 2024, sintió que el resultado dependió o bien de un bajón de Alcaraz o de breves tramos en los que él jugó a una intensidad insostenible. En Qatar, lo describió como “completamente diferente”.
Rublev va por detrás de
Alcaraz en el cara a cara, pero la semifinal de Doha marcó un giro en su dinámica. Por primera vez, dijo que pudo “sostener su ritmo, su potencia, su intensidad” en intercambios prolongados. En una era definida por la solidez desde el fondo, ese cambio interno pesa más que la ajustada derrota en dos sets.
Esa convicción ha viajado a Dubái, donde Rublev, quinto cabeza de serie y ex campeón, ha derrotado a Valentin Royer (6-3, 6-4) y a Ugo Humbert (6-4, 6-7, 6-3)
para meterse en cuartos de final. Ahora se mide a Arthur Rinderknech, subcampeón del Masters de Shanghái 2025, que avanzó tras eliminar a Jack Draper.
“Voy por el buen camino”
Rublev fue directo al evaluar lo que aprendió al enfrentar a Alcaraz en Doha. La derrota no alteró su ambición; aclaró su rumbo. “Aprendí muchas cosas. La primera es que voy por el buen camino”, dijo Rublev a
MARCA. “Es el primer partido en el que me sentí competitivo jugando contra él desde el fondo. En partidos anteriores, incluido el que gané en Madrid o cuando le saqué un set, fue más porque Carlos jugó mal o porque yo, por momentos, jugué muy bien. El partido de Doha fue completamente diferente.”
El avance más significativo, a su juicio, fue la paciencia táctica. Antes en su rivalidad, los peloteos más allá de tres o cuatro golpes solían inclinarse claramente hacia Alcaraz. En Doha, Rublev sintió que eso dejó de aplicar. “Es verdad que él estuvo bien, sin hacer nada increíble, pero yo pude competir con él desde el fondo”, dijo el ex número 5 del mundo. “Sentí que podía sostener su ritmo, su potencia, su intensidad. Y es la primera vez que sentí eso con Alcaraz al otro lado de la red.”
“Antes, la única táctica que funcionaba era buscar el ganador pronto porque, si entrábamos en un peloteo, él tomaba el control total. En la reciente semifinal, sentí que no hacía falta jugar tan rápido y que podía defender puntos largos. Luego, para ganarle, también es cuestión de detalles que él hace mejor que yo.”
Rublev también abordó la dimensión psicológica de competir contra un número 1 dominante. Su lenguaje fue deliberado. “No puedes meterte en la cabeza que Carlos es invencible. Tienes que respetar a Carlos y a cualquier otro rival, pero al mismo tiempo creer en ti y pensar que puedes ganar. Si no lo crees, es mejor no salir a la pista.”
Impulso en Dubái y perspectiva
Esa estabilidad desde el fondo ha reaparecido en Dubái. Ante Humbert, Rublev se rehízo tras perder el desempate del segundo set y controló los intercambios físicos en el parcial decisivo. La paciencia a la que aludió en Doha —evitar ganadores precipitados— ha vuelto a ser evidente esta semana.
Rublev es dos veces campeón en Doha y ex ganador en Dubái, y ha firmado resultados sólidos de forma consistente en la gira por el Golfo. Aun así, rehuyó atribuir el éxito solo a la geografía, encuadrando el rendimiento como cíclico más que predecible. “Se trata de rachas que suceden. No puedes controlar dónde vas a jugar bien o mal. Lo que sí puedes controlar es cómo aceptas las victorias y las derrotas.”
Dubái tiene además un valor emocional añadido. Aunque posee un apartamento en el emirato, se hospeda en el hotel del torneo por cuestiones logísticas. El apoyo, especialmente de los aficionados rusos, crea un entorno familiar. “Por supuesto que Dubái es especial para mí porque es el torneo donde ves más aficionados rusos en la grada. Siento un poco que es como mi segundo hogar. Hasta los aficionados locales me apoyan, y eso no suele pasar. En Doha y Dubái siento más apoyo, sin duda.”
Otra presencia estabilizadora es Marat Safin, el ex campeón del US Open y del Open de Australia que ahora trabaja junto a Fernando Vicente en el equipo técnico de Rublev. Para Rublev, esa colaboración mantiene una carga emocional. “Si me hubieras dicho de júnior que mi ídolo Marat sería mi entrenador, habría explotado de emoción. Habría sido una sensación increíble. Me ha dado muchos consejos. El mejor: sal a la pista y que nada más importe.”