Polina Kudermetova protagonizó una remontada dramática en las primeras rondas del cuadro del
Charleston Open 2026, levantándose desde el borde de la derrota para superar a Oleksandra Oliynykova por 3-6, 7-6, 6-4 en un partido que se extendió más allá de las dos horas y media.
El duelo llegó con una capa adicional de contexto desde el inicio, con un mensaje en pantalla informando a los espectadores de que no habría apretón de manos en la red. Como se ha vuelto habitual en partidos con jugadoras ucranianas, se omitió el gesto tradicional posterior al encuentro.
Oleksandra Oliynykova, compitiendo bajo la bandera de Ucrania, se ciñó a la postura ya establecida por varias de sus compatriotas desde 2022, rechazando el reconocimiento físico contra jugadoras vinculadas a Rusia o Bielorrusia. La práctica sigue siendo un elemento visible y recurrente a lo largo del circuito WTA.
La situación de Kudermetova, sin embargo, añade un matiz más complejo. Aunque nacida en Rusia,
ahora representa Uzbekistán tras un cambio de nacionalidad confirmado a finales de 2025, lo que plantea interrogantes sobre cómo se perciben estos casos en el marco de la tensión geopolítica que rodea al circuito.
El cambio de nacionalidad añade más complejidad
Kudermetova cambió formalmente su nacionalidad deportiva de Rusia a Uzbekistán hacia el final de la pasada temporada, uniéndose a un grupo pequeño pero notable de jugadoras que han modificado su representación nacional en los últimos años. Aunque estos cambios no son inusuales en el tenis, el momento y el contexto inevitablemente generan un escrutinio adicional.
Desde el punto de vista regulatorio, la medida se ajusta a las normas de elegibilidad de la WTA y la ITF, que permiten a las jugadoras representar a otra nación siempre que se cumplan los requisitos administrativos y federativos. Sin embargo, en el clima actual, la nacionalidad adquiere un peso simbólico mayor, especialmente en partidos con presencia de jugadoras ucranianas.
“Las jugadoras no se darán la mano al concluir este partido”, se leyó en un mensaje en las pantallas de Charleston al final del encuentro. “Agradecemos su respeto hacia ambas atletas tras el partido.”
Casos como el de Kudermetova se sitúan en una zona gris. Aunque ya no compite oficialmente bajo la bandera rusa, las percepciones pueden no cambiar con la misma rapidez, sobre todo dado el posicionamiento más amplio adoptado por deportistas ucranianos en múltiples disciplinas. Como resultado, situaciones como la vista en Charleston, donde el protocolo deportivo intersecta con la realidad política, siguen apareciendo con regularidad en el circuito WTA.