Anna Kalinskaya llegó al Australian Open con una sensación de calma más que de expectativa. Viajando con un equipo reducido y centrada en la sencillez, la rusa firmó otra actuación sólida en Melbourne antes de caer en tercera ronda ante la número 1 del mundo, Iga Świątek —un partido que, pese al marcador, dejó claro lo finos que son los márgenes en la cima del tenis femenino.
En conversación con la ex campeona olímpica Elena Vesnina en su
podcast, Kalinskaya reflexionó sobre esa derrota, su mentalidad en evolución y el recorrido personal que ha marcado su carrera —desde la presión en la infancia y un retiro casi consumado hasta volver a creer en el momento oportuno. Ahora está en el Qatar Open y esta tarde se enfrenta a Emma Navarro.
Aprender a adaptarse en la élite
Kalinskaya admitió que enfrentarse a rivales de élite ahora se siente muy distinto respecto a etapas anteriores de su carrera. “Cuando juegas por primera vez contra una top-10, realmente no te conocen —tus golpes, tus puntos fuertes”, explicó. “Pero una vez que ya has jugado con ellas, necesitas un Plan A y un Plan B.”
Ante Świątek, la sorprendió la agresividad de la polaca desde el inicio. “Empezó extremadamente agresiva, incluso al resto”, dijo Kalinskaya. “No es exactamente su estilo habitual. Esperaba peloteos más largos, paciencia, esperar bolas cortas. En cambio, salió a por todas.”
Obligada a elevar su nivel de inmediato, Kalinskaya respondió bien en el segundo set, con un quiebre temprano y golpes más profundos y decididos. Pero un juego crucial en el set decisivo resultó costoso. “Perdí un juego muy importante y me molesté. Después de eso, en cierto modo me salí del partido mental y físicamente”, reconoció. “Contra las mejores, no te lo puedes permitir. Cuando huelen una oportunidad, la aprovechan.”
Mantener la sencillez en Australia
A diferencia de muchas jugadoras de su nivel, Kalinskaya recorrió la gira australiana solo con su entrenadora, Patricia Tarabini. Fue una elección deliberada —y en parte basada en la experiencia. “Mi mejor resultado en el Australian Open, los cuartos de final, también fue cuando estaba solo con Patricia”, dijo. “Así que esta vez decidí hacer lo mismo. Quizá había un poco de superstición.”
Quiso un entorno más tranquilo para arrancar la temporada, sin presión añadida. “Quería empezar sin gente extra, sin que todos me tiraran en distintas direcciones”, explicó Kalinskaya. “Claro que seguía trabajando a distancia con mi preparador físico, pero mentalmente era más calmado.”
Aunque reconoce que a veces es necesario un equipo más grande, considera que la clave es el equilibrio. “Para ciertos torneos, esta configuración es cómoda. Pero no para todos”, dijo. “A veces necesito más gente, a veces necesito espacio.”
Anna Kalinskaya en pista.
La vida en el Tour y la necesidad de desconectar
Fuera de las pistas, Kalinskaya intenta romper la rutina siempre que puede —aunque sea por poco tiempo.
En Melbourne fue al teatro por primera vez en Australia, aunque no aguantó las tres horas de función. “Era tarde, el día había sido pesado y al día siguiente aún tenía entrenamiento”, bromeó. “Pero necesito esas distracciones. Me cansa la rutina. Necesito recargarme.”
Aun así, los viajes siguen siendo una de las partes más duras del trabajo. “La primera semana siempre es muy difícil”, admitió. “Husos horarios, añoranza, tristeza —no es nada fácil.”
Ese peaje emocional fue evidente tras una dura derrota en Adelaida, donde Kalinskaya incluso se planteó una inmersión en jaula con tiburones de forma espontánea. “No podía dormir después del partido”, dijo. “Pensé que quizá ese shock me reiniciaría mentalmente. No fui —pero esos pensamientos aparecen cuando estás en ese estado de desesperación.”
Una pretemporada más corta e inteligente
Tras sufrir físicamente en años anteriores, Kalinskaya hizo un ajuste clave de cara a la temporada 2025. “Esta vez hice cuatro semanas en lugar de seis”, explicó. “El año pasado llegué a los torneos ya exhausta y luego se me lesionó la espalda.”
Entrenando en Miami con Tarabini, su preparador físico y la fisioterapeuta, priorizó la eficacia por encima del volumen. “Me sentí más fresca mental y físicamente”, dijo. “Probablemente mi mejor pretemporada.”
Kalinskaya prefiere la discreción durante los entrenamientos y suele pelotear con sparrings masculinos en lugar de otras jugadoras de la WTA, aunque disfrutó una sesión con su amiga Caty McNally.
“Me gusta competir”, dijo. “Y Patricia siempre me dice: ‘Anya, cálmate.’”
Infancia, presión y el amago de despedida
Nacida en una familia muy deportiva —con ambos padres exjugadores de bádminton—, Kalinskaya estuvo en contacto con el deporte desde muy pequeña. Nadó con éxito, jugó bádminton y finalmente se decantó por el tenis. “Con unos cinco años cogí una raqueta y le pegaba contra la pared”, recordó. “Cuando mi madre me preguntó si quería una raqueta nueva, fue definitivo.”
Su elección vino acompañada de presión, en particular por parte de su madre. “Es muy competitiva”, dijo Kalinskaya. “Algunos de sus sueños no cumplidos se proyectaron en mí.”
Aun así, el tenis también se convirtió en su mundo social, y compaginó el deporte con un fuerte compromiso con los estudios, influenciada por sus abuelos, que eran maestros.
A los 17 años, sin embargo, todo estuvo a punto de detenerse. “Después de perder la qualy del US Open tras ir 5-1 arriba, decidí que solo jugaría si realmente quería”, dijo.
El punto de inflexión llegó cuando se unió al grupo de entrenamiento en torno a Svetlana Kuznetsova, trabajando con Evgenia Manyukova. “Ella creyó en mí”, dijo Kalinskaya. “Se sintió como una segunda oportunidad.”
Poco después, Kalinskaya viajó a Australia por primera vez, superó una fase previa para entrar en el cuadro principal de un Grand Slam por primera vez —y recuperó la confianza.
Seguir aprendiendo, seguir creciendo
Ya asentada en el circuito, Kalinskaya entiende que el progreso rara vez es lineal. “Hay menos libertad que antes”, admitió. “Pero hay más comprensión.”
Contra las mejores, los márgenes son brutalmente pequeños —y sabe que ahí está el siguiente paso. “Contra las top”, dijo Kalinskaya, “tienes que estar ahí en cada momento.”