“Empiezan a sentir que solo se les valora si ganan”: Judy Murray advierte a los padres sobre el amor condicional en el tenis

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miércoles, 25 febrero 2026 en 9:30
Judy Murray with the Emma Raducanu Nial Smith Prints Signed
El mensaje de Judy Murray a los padres del tenis no trata de técnica, rankings ni itinerarios. Habla de responsabilidad y desarrollo a largo plazo. En Tennis Insider Club, la ex capitana de la Fed Cup de Gran Bretaña (actual Billie Jean King Cup) redujo el papel del progenitor a un principio simple: “Ese es el trabajo de un padre, ¿no? Les das alas para que puedan volar.” En su opinión, el objetivo no es fabricar campeones, sino educar adultos independientes y resilientes.
Su argumento está moldeado por la experiencia en todos los niveles del deporte. Como madre de los ex números 1 del mundo Andy Murray (individuales) y Jamie Murray (dobles), y como ex seleccionadora nacional, ha visto lo fácil que las métricas de rendimiento se convierten en moneda emocional. Los niños, advirtió, pueden “empezar a sentir que solo se les valora si ganan.” Cuando la aprobación y los resultados se entrelazan, el daño puede aflorar años después, a menudo cuando las apuestas son mucho más altas.
Murray insistió de forma constante en la independencia como base. Los jóvenes, dijo, “tienen que volverse independientes. Tienen que ser capaces de pensar por sí mismos. Tienen que ser capaces de resolver sus propios problemas.” Hacer sus propias maletas, gestionar el material, organizar los viajes — no son detalles menores, sino los cimientos de la madurez competitiva.
También situó la conversación en la realidad actual del tenis. El calendario profesional, que describió como “tan sobrecargado”, deja poco margen para procesar el éxito o el fracaso. Al reflexionar sobre la carrera de su hijo, señaló que Andy admitió en su día que “le habría gustado tener más tiempo para disfrutar de los éxitos.” En un sistema que pasa de inmediato al siguiente torneo, la perspectiva puede desvanecerse.

Amor condicional y el miedo a perder

Murray fue directa sobre el riesgo psicológico de vincular el afecto a los resultados. Lo que puede parecer ánimo puede convertirse sutilmente en aprobación condicionada. “Si eres un padre de los de: ‘Oh, vamos a McDonald’s de camino a casa porque ganaste.’ No, no hay McDonald’s porque perdiste. Empiezan a sentir que solo se les valora… y que hay una recompensa si ganas y casi un castigo si no ganas.”
Para Murray, este patrón redefine cómo compite un niño. En lugar de explorar soluciones o aprender del error, el jugador se obsesiona con evitar la decepción. Ha observado juveniles que juegan “con miedo y cautela”, mirando a la grada tras cada fallo en busca de consuelo.
Su advertencia fue más allá de comentarios aislados. “Los padres pueden arruinarlo todo con una palabra equivocada o un comportamiento equivocado, un gesto equivocado o lo que les dicen en casa.”
En su experiencia, muchos jóvenes confían a los entrenadores que temen las conversaciones posteriores al partido. El trayecto en coche a casa se vuelve más intimidante que el rival. Con el tiempo, ese peso emocional deforma la identidad y la autopercepción.

Andy Murray: presión y las señales que leen los jugadores

Murray ilustró su argumento con un ejemplo vívido de la semifinal del US Open 2008 entre Andy Murray y Rafael Nadal. Los retrasos por lluvia trasladaron el partido del Arthur Ashe Stadium a la más estrecha pista Louis Armstrong, aumentando la tensión en un momento ya significativo de la carrera de su hijo.
Durante el encuentro, Andy envió un mensaje claro. “Andy estaba jugando con Rafa, semifinal del US Open 2008… Andy fue al fondo de la pista y dijo: ‘Dile al abuelo que se siente sobre las manos.’” Explicó que la frustración visible de su padre —gestos, suspiros, reacciones— estaba llegando a Andy en tiempo real. “Nuestros hijos captan todo de nosotros y eso te pone ansioso.”
Incluso a nivel de Grand Slam, la dinámica familiar sigue presente. Murray admitió que evita sentarse junto a su padre por su tendencia crítica y deliberadamente adoptó un tono diferente con sus propios hijos. También citó la final de Wimbledon 2012, describiendo cómo se apartó la mañana del partido porque sabía que se le notarían los nervios. “Lo reconocí y simplemente lo dejé con el equipo.”
Para Murray, esas decisiones forman parte de ser un padre responsable. La independencia, insistió, comienza mucho antes del circuito. Los juveniles deben encargarse ellos mismos de las responsabilidades prácticas. “Cuando están en la pista, tienen que pensar por sí mismos. No les haces ningún favor si les haces todo.”

Identidad más allá del tenis y el ejemplo de Alcaraz

Murray amplió el debate hacia la formación de la identidad. Cuando el tenis se convierte en el rasgo único que define la vida de un niño, las consecuencias del fracaso pueden ser desestabilizadoras. “Si esa es la mentalidad de ‘fracasé en esto’… mi identidad era ‘soy tenista’ — si no soy tenista, ¿qué soy?”
Ha visto a ex juveniles tener problemas con esa transición. Años de ser presentados como “el tenista” crean un autoconcepto estrecho. Si el progreso se frena, la pérdida se siente existencial y no solo competitiva.
Esta preocupación alimenta su admiración por la apuesta pública de Carlos Alcaraz por el equilibrio. “He disfrutado mucho viendo a Carlos Alcaraz… ir a Ibiza porque ‘celebro con mis amigos.’ Me voy a jugar al golf. Me encanta porque hay más en la vida que solo tenis.”
Para Murray, el disfrute estructurado no es falta de profesionalidad, sino un seguro contra el agotamiento. El calendario actual, dijo, deja poco espacio para celebrar. “Ganas un domingo, haces la maleta, sales esa noche. Ni siquiera tienes tiempo de salir a cenar para celebrar.”
Reforzó la idea con la reflexión de Andy. “Una de las cosas que Andy dijo después de su carrera fue que le habría gustado tener más tiempo para disfrutar de los éxitos.”
En su valoración, la perspectiva es una protección del rendimiento.

El triángulo: padres, entrenadores y poder

Murray concluyó enfatizando la estructura antes que la culpa. Describió el “triángulo” entre entrenador, padre y jugador como esencial para un desarrollo saludable. “Necesitas comunicación abierta… Todo el mundo debe entender su rol.”
El desequilibrio de la influencia es, a su juicio, evidente. “El padre siempre tendrá la voz más importante, siempre. Están el 99% del tiempo con el niño, el entrenador solo el 1%”, dijo. “Tienen que volverse independientes. Tienen que ser capaces de pensar por sí mismos. Tienen que ser capaces de resolver sus propios problemas.”
En un deporte definido por la responsabilidad individual, el argumento de Judy Murray es coherente: la independencia no es solo una ventaja competitiva — es una obligación parental.
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