Diego Schwartzman, ex número 8 del mundo y semifinalista de Roland Garros en 2020, lanzó una crítica directa a la estructura del ATP Tour, al sostener que tanto jugadores como aficionados tienen dificultades para orientarse en un calendario cada vez más complejo. En declaraciones a
CLAY Magazine, el argentino describió el sistema actual como desarticulado, con cambios recientes que agravan problemas de larga data.
Ahora, en transición tras más de una década en el circuito, Schwartzman ofrece una mirada moldeada por su constancia en la élite. Pasó varias temporadas dentro del top 20, ganó cuatro títulos ATP y se forjó una reputación como uno de los competidores más fiables en tierra batida pese a limitaciones físicas respecto a sus pares.
Sus comentarios llegan en medio del debate sobre la expansión de los Masters 1000 y los posibles cambios de calendario vinculados a nuevos torneos. Para Schwartzman, el problema central no es una decisión aislada, sino una falta más amplia de estructura que afecta la programación, la carga de trabajo y la accesibilidad.
En el corazón de su argumento hay una premisa simple: el producto se ha vuelto más difícil de seguir, tanto para los jugadores que gestionan una temporada extendida como para los espectadores que tratan de entender qué están viendo semana a semana.
“El calendario es un poco un lío”: Masters extendidos y desequilibrio estructural
Schwartzman señaló el paso a Masters 1000 de dos semanas como un factor clave en la expansión del calendario. Si bien el formato incrementa las oportunidades comerciales, sostuvo que ha estirado la temporada sin aportar beneficios claros a los jugadores.
Señaló el efecto acumulado de días adicionales en varios torneos, que en la práctica añaden semanas a una programación ya densa. A su juicio, esto ha aumentado la exigencia física y mental y ha reducido la coherencia de la temporada.
“Creo que los jugadores han mostrado claramente su descontento con los Masters 1000 de dos semanas. El calendario se ha extendido casi un mes por esos cinco días extra por torneo. Obviamente representa ingresos mucho mayores para los torneos, y la ATP dice que en teoría eso va a los jugadores, pero son muchos días y no creo que haya sido una gran decisión.”
Más allá del formato de los Masters, Schwartzman abordó propuestas de reestructuración más amplias, incluida la reducción de torneos de menor categoría. Sugirió un modelo más jerárquico, con priorización más clara de los certámenes principales.
“Creo que el calendario tiene que reestructurarse en algo más corto, con menos torneos, donde los Masters 1000 y los Grand Slams tengan prioridad, seguidos por los 500 y los 250. Tiene cierta lógica para que el calendario esté más ordenado, porque hoy es un poco un lío.”
“Ni los fans saben qué torneo están viendo”: Un producto fragmentado
Schwartzman extendió su crítica a la experiencia del aficionado, al sostener que la estructura actual carece de claridad y consistencia. Subrayó lo difícil que se ha vuelto para el público seguir los torneos, especialmente con formatos y distribuciones de puntos variables.
El problema, sugirió, se agrava por una transmisión fragmentada. A diferencia de otros deportes globales con plataformas centralizadas, el tenis sigue dividido entre distintos titulares de derechos, que a menudo cambian de una semana a otra. “Hoy es una locura. Ni la gente que mira por TV sabe qué torneo está viendo o cuántos puntos da cada uno. Hay que organizarlo de alguna manera, y ojalá suceda en los próximos años.”
También aclaró la separación estructural dentro del deporte, al señalar que los Grand Slams operan de forma independiente de la ATP pese a su papel central en el calendario. “Quizás la gente no lo sepa, pero los Grand Slams no tienen nada que ver con la ATP, son cosas completamente separadas. Los Slams forman parte del calendario, pero las decisiones que la ATP toma sobre torneos y programación son suyas; nosotros simplemente las observamos.”
Un rol poscarrera y la mirada sudamericana
Desde que dio un paso al costado de la competencia regular, Schwartzman asumió un rol de enlace con Tennis Australia, actuando como puente entre jugadores y organizadores en el Abierto de Australia. El cargo le ha dado una visión del costado comercial y operativo del deporte.
Describió el rol como facilitador de la comunicación, especialmente cuando las expectativas de los jugadores no se alinean con las limitaciones organizativas. Esa perspectiva, dijo, le ayudó a entender mejor decisiones que antes cuestionaba como jugador. “En pocas palabras, mi trabajo es ser un intermediario entre los jugadores —principalmente los hombres— y quienes toman decisiones en el torneo. Estoy para lo que necesiten, para quejas o mejoras.”
“Como jugador, solo ves el lado deportivo y lo que te conviene. El torneo tiene todo un costado privado que no ves. Necesita ingresos de aficionados, cadenas y titulares de derechos, así que hay muchas decisiones que sostienen el evento y lo que reciben los jugadores.”
De cara al futuro, Schwartzman mostró interés en aplicar esa experiencia al tenis sudamericano, una región que, a su juicio, sigue subdesarrollada dentro de la estructura global. Con conversaciones en curso sobre cambios de calendario, ve una oportunidad de mejora, siempre que el deporte avance hacia un modelo más coherente.
“Sí, y en parte por eso me contrataron. Tienen una gran idea para crecer y expandir la marca en Sudamérica. Ojalá suceda para que el tenis sudamericano tenga mejores condiciones.”