Feliciano López recuerda con precisión la densidad de talento que definió a su generación, marcada por la presencia de Novak Djokovic, Rafael Nadal, Roger Federer y Andy Murray en su apogeo, y aunque resurgen las comparaciones entre eras, el ex número 7 del mundo no duda cuál fue la mejor época del tenis masculino.
Durante su carrera, López se midió con regularidad a estos jugadores en Grand Slams y Masters 1000. Sumó un total de 39 victorias ante rivales del top-10, la primera contra Marat Safin en 2002 y la última frente a Andrey Rublev en 2021, rusos hoy vinculados como entrenador-jugador, una clara demostración de cómo López logró competir a través de distintas generaciones.
A lo largo de más de veinte años en el circuito, López vivió de primera mano la intensidad de los Grand Slams. Avanzar a tercera o cuarta ronda a menudo suponía enfrentarse a top 10 consolidados, incluidos campeones en activo y veteranos con experiencia en finales mayores. “La parte buena es que jugamos en la mejor era de la historia del tenis”, comentó López en una reciente entrevista con
El Chiringuito. “Nadie me va a quitar eso: haber jugado contra Djokovic, Rafa, Federer y Murray en su mejor momento.”
Más allá del Big 3 y Murray, jugadores como Juan Martín del Potro, David Ferrer, Jo-Wilfried Tsonga o Tomas Berdych representaban obstáculos de peso en cada torneo. López subraya que, pese a no haber alcanzado nunca una final de Grand Slam, competir en esas condiciones forjó una mentalidad y un nivel de juego difíciles de igualar en generaciones posteriores. “Creo que nos hizo mejores a todos los que competimos en esa época, aunque quizá nos privara de algún título más importante.”
Rivalidades históricas y aprendizaje
Para López, la competencia directa con Federer, Nadal, Djokovic y Murray no fue solo un desafío deportivo, sino también un aprendizaje constante. Cada torneo exigía ajustes técnicos y tácticos específicos, desde pistas duras rápidas hasta batallas prolongadas sobre arcilla.
“Recuerdo que cuando ibas a un Grand Slam, normalmente desde tercera ronda te medías a un cabeza de serie. Y cuando llegabas a octavos, te tocaba Wawrinka, David Ferrer, leyendas del tenis. Y yo decía: vamos a jugar. Y eso te hacía sentir afortunado.”
Para él, la mentalidad ante esos duelos era distinta a la de otros jugadores: “Quitabas a los Big Four y decías, como tenista, otro diría ahora: ‘Joder, me ha tocado Wawrinka, qué mala suerte tengo.’ No, aquí no. Aquí decías: ‘Joder, vamos a jugar, probablemente me ganarás o no, pero vamos a jugar en igualdad de condiciones.’”
La nueva élite: Alcaraz y Sinner
López reconoce que la generación actual, liderada por Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, exhibe una superioridad técnica, física y mental difícil de igualar. Ambos ya han alcanzado los puestos de cabeza en el ranking ATP, con Alcaraz sumando 7 títulos de Grand Slam a los 22 años y Sinner conquistando 4.
“Los Wawrinka, Ferrer, Del Potro… podría decirte miles de jugadores contra los que competíamos a niveles… ahora eso no pasa”, comentó López. “Como está ahora, el nivel… ¿cuál es el nivel ahora? El nivel ahora es que hay dos tíos, Sinner y Alcaraz, que son increíblemente buenos en todo, mejores que sus rivales técnica, física, mentalmente, en todo. Y no hay un grupo detrás que, en determinados momentos, pueda incomodarles de verdad.”
En cuanto a la relación entre Alcaraz y Ferrero, López describe la ruptura como prematura y emocionalmente intensa: “Ahora sufre la ruptura con su entrenador. ¿Cómo lo has visto? ¿Qué opinas? A mí me pareció prematuro, lo dije públicamente. No, prematuro en el sentido de que veía un vínculo muy fuerte entre ellos y que hay relaciones entrenador-jugador que son más fuertes que otras. Y sentía que Alcaraz todavía necesitaba mucho a Ferrero, por eso dije públicamente que me parecía un poco prematuro.”
La capacidad de Alcaraz para mantener el rendimiento pese a los cambios en su equipo técnico, como demostró en el Australian Open, confirma la madurez competitiva que López observa: “La prueba es que se fue a Australia en un momento en que mucha gente decía: ‘Bueno, ha roto con Ferrero, esto le va a afectar’, y luego gana en Australia.”
Por último, López recalca que el agradecimiento y el respeto de Alcaraz hacia Ferrero permanecen, incluso sin gestos públicos: “Estoy seguro de que, internamente, se acuerda de él, porque ha llegado hasta aquí gracias a él, pese al trabajo que ahora está haciendo Samuel de manera individual.”