La racha de
Arthur Fils hasta la final del
Qatar Open 2026 terminó con una
contundente derrota por 6-2, 6-1 ante el No. 1 del mundo,
Carlos Alcaraz, quien selló su primer título en Doha y el 26º trofeo ATP de su carrera en apenas 50 minutos. Sin embargo, para el francés, el significado de la semana fue más allá del marcador, anclado en el contexto de ocho meses lidiando con una lesión.
En conversación con Marion Bartoli en
Time on RMC, Fils admitió que alcanzar la final no formaba parte de sus expectativas. El jugador de 21 años subrayó que las sesiones de entrenamiento no se habían traducido del todo en certezas competitivas, especialmente tras un inicio de temporada complicado en Montpellier.
“Sinceramente, no me lo esperaba en absoluto (llegar a la final). He entrenado mucho, pero cuando pisas la pista para un partido, es completamente diferente. En Montpellier no fue fácil. Luché duro y conseguí ganar dos partidos. No fue sencillo.”
Ese contraste entre preparación y rendimiento enmarcó su enfoque en
Doha. Fils reconoció que llegó sin su mejor nivel, lo que obligó a reajustar expectativas y a adoptar una estrategia más pragmática, basada en la resiliencia más que en la fluidez inmediata.
Aceptar la imperfección para competir
Fils detalló cómo las conversaciones con su equipo moldearon su mentalidad durante el torneo, especialmente en las primeras rondas, cuando su timing y ritmo no eran consistentes. El énfasis pasó de la estética a la supervivencia, con la idea de que la chispa competitiva volvería de forma gradual, no instantánea.
“Cuando llegué a Doha, no estaba jugando tan bien. Pero lo hablé mucho con el equipo. Me dijeron que la única manera de volver a mi nivel era jugar mal al principio y pelear partidos que son pura batalla. No hay mucha calidad, pero no hay otra opción: hay que ganar.”
Esa filosofía definió su camino hasta la final. En lugar de dominar a sus rivales con pegada agresiva, Fils absorbió presión y aceptó intercambios largos. El enfoque le permitió acumular victorias y minutos en pista, componentes esenciales para un jugador que busca restablecer estabilidad física y mental tras una ausencia prolongada.
La semifinal exigió una de sus actuaciones más completas de la temporada, pero el gasto físico y emocional fue evidente. Cuando se midió a Alcaraz, el margen de error era mínimo ante un rival que combinó alta eficacia con el primer servicio y un control implacable desde el fondo.
Medirse al estándar de la cima
Alcaraz impuso el ritmo de la final desde el inicio, concediendo muy poco con el saque y castigando las pelotas cortas con precisión. A Fils le costó desplegar sus patrones habituales y, por momentos, mostró frustración visible mientras el partido se le escapaba con rapidez bajo la presión sostenida del español mejor clasificado. “Es uno de los mejores por una razón”, admitió Arthur Fils. “Sientes la presión en cada intercambio. Te obliga a subir el nivel.”
Pese al marcador abultado, Fils interpretó la experiencia como un paso necesario en su desarrollo, no como un revés desalentador. Reconoció la brecha, pero recalcó la importancia de exponerse a esa intensidad. “Esto forma parte del camino. Si quiero ganar estos partidos en el futuro, tengo que aprender de esto.”
Recuperación física y ambición en París
Más allá de la decepción inmediata, Fils enfatizó que su estado físico ha mejorado de forma notable respecto a los ocho meses anteriores. Confirmó su presencia en
Dubái, Indian Wells y Miami, y trazó un objetivo claro: ganar impulso de cara a la gira europea de tierra batida y el segundo Grand Slam de la temporada.
“Ahora mismo me siento bien físicamente. Estoy inscrito en los tres (torneos, Dubái, Indian Wells y Miami), ya veremos. Todo va bien, las señales son positivas. Haré todo para llegar en plena forma a París. Es un objetivo para cualquier francés. Jugar bien en Roland-Garros provoca emociones increíbles. El año pasado fue eléctrico. Así que haré todo para volver a disfrutarlo.”
El peso emocional de su regreso se hizo evidente durante la ceremonia de trofeos en Doha, donde se dirigió al público con franqueza tras la breve final. Sus palabras reflejaron la mirada de un jugador que mide el progreso no solo por los títulos, sino por la capacidad de volver a competir tras meses alejado del circuito.
“Bueno, no sé muy bien por dónde empezar. Ante todo, quiero dar las gracias al público. Siento mucho lo de la final. Sé que fue un poco corta. Muchas gracias. Han sido ocho largos meses con mi lesión; ha pasado mucho tiempo. Así que supongo que, en un momento así, solo hay que pensar en estos últimos ocho meses en los que sufrí, sin jugar al tenis.”